Vivir en una Vecindad y no Morir en el Intento


En el mes de mayo por ley se conmemora durante todo el mes, a la etnia negra. La fecha ha sido motivo para muchos comentarios sobre la discriminación en Panamá. Cosa que hoy día no se puede ocultar, pero es bueno preguntarse: siempre fue así? Quién impuso la segregación como norma de convivencia en la sociedad?
Para los que crecimos en una ciudad cercada con “ciclón” y alambre de púas y mirando que en el otro lado había colegios para blancos y para negros; y había comisariatos para negros y para blancos, sabemos perfectamente que no fue acá donde se originó la discriminación por color de piel o raza.
Como estábamos del lado de acá de la cerca, vivíamos en casas de inquilinato. Quienes vivían en las casas de “inquilinato”? Afro antillanos (ingleses o franceses, según la colonia de donde venía), afro panameños (Darién, Colón, Bocas, etc) interioranos (de cualquier provincia) y muy cerca a todos, los chinos de abarroterías, lavanderías o cantinas.
En la casa donde yo vivía cohabitábamos todos los arriba mencionados, ya que en una esquina de la casa estaba la tienda y el resto de los cuartos lo ocupaban diferentes familias de distintos orígenes.
Todos eran diferentes, lo único que nos unía era, que todos éramos pobres, luchando día a día por sobrevivir y con un gran sueño en cada cuarto; que los hijos estudien y se gradúen de algo, pero que se gradúen.


La discriminación era algo que venía de afuera, ya que sus efectos los veíamos en las películas y en las historias de los que lograban viajar a los Estados Unidos, pero la vivíamos y la sentíamos en nuestra tierra, tan solo al cruzar las cercas de ciclón.
Las carencias en la vecindad era tales, que o eras tolerante y le encontrabas el lado positivo a todo o terminarías amargándote la existencia y sin sacar nada a cambio.
Contar con un solo baño, dos servicios y una pluma fregador para siete cuartos, con un promedio de 5 personas por cuarto, más una tienda con tres chinos, se requiere de disciplina, orden y rapidez, para que el tiempo alcance sobre todo en la mañana para estar listos todos los estudiantes para sus diferentes colegios y los mayores saliendo para su trabajo.
El patio de la casa era una ordenada telaraña de alambres levantados con una vara de madera redonda, que la vendían señores que de alguna forma cortaban en los diferentes rastrojos de los suburbios de la creciente ciudad y encontraban en esta tarea, una forma de ganar unos pesos. Cada cuarto tenía una y que sería su tendedero de ropa. Poseía además, su propio balde de zinc para lavar toda la ropa, ya fuera propia o ajena; una parrilla de madera para colocarla en el piso del baño al utilizarlo y sus respectivos “suecos “hechos de madera y ligas de llantas de carro.
El patio soportaba además cubículos de 1m x 1m, forrados en hojas de zinc, donde se colocaba la cocina que no era otra cosa que uno o dos fogones de carbón, comprados a un afroantillano que pasaba anunciándolos en un español apenas entendible.
Cualquiera actividad podría ser muy complicada si uno no respetaba el tiempo y el espacio disponible en ese entorno.
El frecuentar las bibliotecas era una alternativa para estudiar y hacer tareas con la comodidad, el espacio y ayuda que no se tenía en el cuarto.
Durante el período de exámenes los parques y lugares abiertos se poblaban de estudiantes preparándose para sus pruebas; en casa era casi imposible.
Adicional a todas estas limitaciones, la amenaza de fuegos era real y permanente, ya que todas las casas eran de madera y con tantos fogones, los riesgos nunca faltaban.
Que existían actividades delictivas? No se puede negar. El consumo de mariguana se daba , sobre todo en afroantillanos; pero existía una especie de código que mantenía a todo niño fuera de esas actividades y jamás se involucraría ni se realizaría en presencia de ellos y con autoridad los apartarían.
Como si estuviéramos haciendo un ejercicio de planificación social concretamente un FODA, hemos comentado de las debilidades y amenazas por vivir en una casa de inquilinato, pero veamos ahora la fortaleza y oportunidades, que si las hubo.
La gran fortaleza que yo destaco de vivir en una vecindad como esa, es la solidaridad y esta solidaridad era tan fuerte y tan basta, que permeaba todas las actividades individuales o comunales del vecindario. Todos teníamos necesidades de distintas clases, pero siempre había un vecino dispuesto a darte la mano.
Los estudiantes mayores siempre estaban para ayudar a los más chicos (fueran de la etnia que fuera). Una fiesta, cualquiera que fuera el motivo, todos colaboraban; el patio quedaba limpio, seco y sin varas en los tendederos. Las sillas eran las de todos y la comida se preparaba en diferentes cuartos, o sea, que la fiesta era de todos. Así eran las enfermedades, los funerales, las comuniones, las navidades, todo era comunitario como la pobreza y el sueño de surgir algún día, a través del estudio y el esfuerzo.
El estudio se convirtió en nuestra oportunidad y fue así como uno a uno, con mucho esfuerzo fuimos subiendo escalones en la larga y empinada escalera de nuestras vidas.
Con mucho orgullo debo decir que la mayoría de todos los que allí crecimos, logramos surgir y ser profesionales exitosos, que a su vez han contribuido al desarrollo del país.
Nunca mires el pasado si no eres capaz de sonreír; y todavía disfruto al recordar los 14 de julio cantando La Marsellesa en la pequeña zapatería del afro antillano (Patua) que se auto nominaba “súbdito francés”. Pasaron varios años hasta entender que significaba súbdito francés y súbdito inglés. Sonrío al acordarme cuando íbamos todos los muchachos y muchachas a confesarnos a la iglesia La Merced, salvo alguno que profesara otra religión, pero el 8 de diciembre había que comulgar. Cómo no sonreír al recordar los preparativos en el vecindario para los desfiles del 3 de noviembre? El Domingo de Pascua era un día tan especial, que había que detenerse para admirar las galas utilizadas para asistir a las diferentes ceremonias religiosa

 

Nunca mires hacia el futuro si no eres capaz de soñar; y cuando no estás solo sino que encuentras apoyo solidario en el entorno puedes soñar.
Cada habitante de la “casa” y la “calle” tenían su sueño y la mayoría fueron tras de el y luego encontramos juristas, escritores, políticos, artistas, ingenieros, enfermeras, maestros, obreros calificados y una larga lista de etcétera, etcétera.
La discriminación no tenía cabida entre nosotros, aunque si existía ya en el país, ya les dije que había tras la cerca de ciclón, traído por los norteamericanos, pero también la había tras la muralla de Panamá adentro, traída por los europeos a todas sus colonias y segregación en los colegios, traída por las iglesias de distintas religiones.
Panamá fue de los últimos países en eliminar segregación en los colegios por causas religiosas o por sexos (varones y niñas); pero así llegamos al país que hoy tenemos; una gran sabana hecha de retazos de etnias culturas y costumbres y el conjunto, es lo que yo llamo la panameñidad.