Los Entierros de la Gente Pobre

Ya en dos ocasiones he escrito sobre la comunidad de La Laguna de San Carlos donde compré un lote, con la esperanza de construir una cabaña con una chimenea, para encenderla y tomar vino al calor de la hoguera; pero eso no se ha dado y yo sigo yendo casi todos los sábados a cosechar legumbres y charlar con los amigos.

Hace unas semanas entre los temas de conversación en las orillas de la laguna con una terde asombrosamente hermosa, salió a relucir el caso de los entierros que se han puesto de moda.

Resulta que en la mayoría de los pueblos, el mantenimiento de los campos santo se realizaba con trabajos comunales, incluyendo la apertura de las sepulturas; pero  con la llegada de los representantes y adem´as el clientelismo político, esta tarea casi que es obligación de la Junta Comunal; cargar con el muerto, el entierro, la limpieza y pintura de los cementerios; y nadie cree que tiene la obligación de pagar un solo balboas por los muertos que allí tenga.

Imagínense cómo estará la situación en las ciudades, que ahora se está adoptando la costumbre de llevar su muerto desde la ciudad para enterrarlo allá.  Un día cualquiera, el pueblo quedó asombrado cuando llegaron dos Diablos Rojos cargados de gente con su muerto, que había pedido que lo enterraran con música y lo pasearan.

Así salió la caravana con el muerto, una discoteca en un carro y lo pasearon por todo el pueblo, antes de enterrarlo y emprender el alegre retorno a la ciudad.

Definitivamente somos un paisito donde priva el desorden y la anarquía, hasta para morirse y ni hablar de nacer que ese es otro cuento.

Pero hablando de ese tema, deseo compartir con ustedes, la modalidad que aún se practica en La Laguna.  Yo he asistido a dos entierros y de veras me llamó la atención y por eso me vi en la necesidad de preguntar por esa acostumbre.

Resulta que en todo entierro el pueblo se vuelca a “ganar el peón” abriendo el hueco; ya el ataúd no se construye localmente y se compra en Chorrera.  Las coronas o ramos son confeccionados localmente, pero lo que más me llamó la atención es que ya en el cementerio y al momento de bajar el féretro se levanta un señor(a) y dice algunas palabras con relación al difunto y los familiares más cercanos y solicita a los presentes una contribución para los deudos;

 

 

.  De inmediato pasa una bolsa y va recogiendo lo que las personas puedan dar.  Antes de que se termine el entierro, el dinero es contado y se dice en voz alta la cantidad recogida, se dan las gracias y se le entrega al deudo más cercano; a continuación todos los asistentes son in vitados a comer a casa del difunto.

Al seguir indagando, resulta que el señor o señora que habla en el cementerio, siempre es la misma persona y adquieren esa obligación, incluso por herencia.

Me sorprendió mucho el gesto de solidaridad que de pronto ya se ha ido perdiendo en los pueblos del campo y lo vamos cambiando por modalidades más prosaicas como las discotecas.

Ojalá y la modalidad de La Laguna no se pierda y sea reconocido y recordado como decía Cheo Feliciano “los entierros de mi gente pobre”.