El Tambor, Legado Africano

 

Luna llena de tambores, ese es el nombre de un evento que se está realizando en distintos lugares del país y donde la percusión es la protagonista.  Yo le comentaba a mi hijo a manera de chiste: Si yo fuera rico, traería de Suráfrica unos grupos de intérpretes de tambores, pero de los callejeros, los que tocan por monedas, ya que me parecieron fantásticos.

Mi primer encuentro con tambores en Suráfrica fue en Johanesburgo, en un tour a la cárcel donde estuvo Gandhi y Mandela.

La bienvenida te la da un grupo de muchacho(as) en riesgo social, que dirigen una Fundación.  Ellos conforman un grupo como de 10 adolecentes, una marimba mediana y muchos tambores de diferentes tamaños y formas, dejando un grupo para que los visitantes se incorporen al grupo de percusión.

Algún nivel de práctica debería haber tenido para acoplarse, pero seguro estoy de que estudio de música no tenía ninguno, pero cuando empezaron a tocar, todo sonaba tan bien, que no hubo turista que no quedara bailando y algunos intentando unírseles con los tambores.

La presentación fue sencillamente maravillosa,  El segundo asombroso encuentro lo tuvimos en ciudad del Cabo, a la entrada de un lujoso Centro Comercial.  A la 1:00 de la tarde, bajo un soleado día, un grupo de 6 hombres con algunos diseños en blanco en el rostro vestidos con camisetas chocolates, pantalón oscuro y todos con botas de hule (con aquel calor).

Al verlos me recordé de un “dicho” muy popular en Darién que dice “calienta sol, que el negro es fresco”.  Lo asombroso no era su vestimenta; lo asombroso era escucharlos vocalizar y acompañarse con tambores que casi querían hablar.  A cambio, el transeúnte le arrojaba unas monedas en un cajoncito.  Qué poco se cotiza el arte algunas veces.

Antes de compartirles mi tercer encuentro con tambores, deseo hacer una mea culpa que tengo pendiente.

Desde nuestra llegada a Suráfrica, mi hijo buscaba una cartera de piel de animal, vistosa y rara para regalarle a su mamá.

La verdad es que se encuentran con precios no tan módicos y de calidad muy variable.  Yo le emití el siguiente comentario: Vamos a un Parque Nacional y veremos muchos animales en libertad y vivos y tú lo buscas muerto con convertido en cartera.

Los días transcurrieron llenos de grandes experiencias y aprendizajes, hasta regresar nuevamente a Johanesburgo y a la hora de cenar, le digo a Boris que fuéramos a cenar a un restaurante que sirvieran comida africana, ya que en el hotel servían menú internacional ; nos recomendaron uno, que además de la comida, presentaban un espectáculo  con música en vivo; y allá fuimos y la velada fue espectacular y conseguir una mesa era algo más espectacular todavía.

Al traernos el menú le pedimos al mesero que nos asesorara, sobre todo a mí, que quería una comida netamente africana.

El mesero rápidamente me mostró con figura y recomendó una parrillada de 7 carnes diferentes, acompañada de legumbres y salsas totalmente locales.  Cuando me la trajeron me dice mi hijo: tú me decías que cosas por comprar una cartera de piel de animal y tú vas a comer en un solo plato, la carne de 7 animales diferentes?  Voy a tomarte una foto para que te veas después.

De verdad que quedé sin argumento; pero el mesero nos explicó luego, que en restaurantes como ese, las carnes se las provee un ente oficial y que provienen de zoo criaderos, animales sacrificados por edad o decomisado a cazadores furtivos y que todos los ingresos son utilizados para patrullaje y vigilancia de las reservas, ya que patrullar esas áreas son altamente costosas.

Al final mi hijo compró su cartera de piel con una etiqueta de denominación de origen y una nota que explica para qué se utilizaron los fondos recabados y yo me comí los animalitos, pero cada vez que recuerdo, no dejo de pensar lo que dice mi amiga Irma de México: acciones como esa, alivian conciencias, pero no resuelven problemas. Casi fue lo mismo del rey de España que en plena crisis económica se fue de vacaciones a Africa de cacería y publico la foto con la presa cazada (casi lo linchan a su regreso).

Pero bueno, en ese mismo local se presentó un grupo mucho más organizado que los que habíamos visto y escuchado anteriormente, hasta tenían disco grabado, pero realmente yo nunca había visto interpretar tambores en esa forma y que uno de los solistas llegara al éxtasis y entraba en trance cuando tocaba.

En estos momentos me encuentro en Cabuya y estoy escuchando el CD de ese grupo y fue lo que me motivó a escribir este artículo y confieso, que todavía me asombro y admiro esa forma de tocar los tambores.

¡Que gran legado nos deja Africa al mundo!(Además de la sangre de su gente).

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