Un Niño, un Pez, un Destino

El viejo José se dirigió con paso lento hacia su compañera y le dijo:
—Mira, José Antonio me acaba de llamar para decirme que al niño se le ha complicado el asma. Además de un montón de medicamentos, el doctor le ha dicho que es probable que esta enfermedad esté relacionada con su desarrollo y que sería saludable que pasara un tiempo en un ambiente más sano, como el campo y la cercanía al mar. Por eso nos lo van a enviar por una temporada, con la esperanza de que mejore.

José era un viejo pescador curtido por el sol y el agua marina. Había establecido su casa en la desembocadura de un río, aprovechando la abundancia de peces, entre ellos los salmones, que él vendía a muy buen precio. Con su trabajo había podido criar a sus hijos y darles educación; ya todos eran profesionales y vivían en la ciudad. José nunca quiso salir de su terruño, por más que insistieran.
—¡Aquí moriré! —decía José—. Este es mi destino y de él no me apartaré.

A los pocos días llegó el nieto. José se alegró mucho: su nieto, vivaracho y parlanchín, ahora estaba silencioso y apenas caminaba, pues se agitaba con mucha facilidad.

La abuela, muy preocupada, recibió todas las medicinas que le mandó el médico, pero además ya tenía preparadas varias pócimas caseras hechas con hierbas, aceite de pescado y otras cosas que en otros tiempos había dado a sus hijos.

Los días transcurrían tranquilos y el niño, poco a poco, fue recuperando el ánimo y las ganas de salir con su abuelo a ese mundo mágico que él decía que estaba entre el río y la playa.

José, por su parte, disfrutaba cada mañana al ver a su nieto mojarse los pies entre las espumas de las olas o arrojar piedritas al charco del río, mientras él, sentado en una piedra, aspiraba su pipa. El niño disfrutaba tanto de los paseos mañaneros, sobre todo porque eran la oportunidad de estar solo con su abuelo y preguntarle cosas que a otra persona no podía.

—Abuelo, ¿tú puedes hablar con el mar? —le preguntó un día.

José se acomodó en su piedra y, sosteniendo la pipa, le respondió:
—Mira, tú eres parte de todo lo que te rodea, y ellos son parte de ti. Así como con tu mente puedes pedirle a alguno que se mueva cuando lo necesitas, lo mismo hago yo con el mar.

—Desde que tenía tu edad, el mar me ha dado alimento, me refresca o me calienta y me acompaña cuando estoy solo. Por eso lo quiero, y si lo quiero de verdad, él también me quiere. Podemos hablar, contarnos nuestras cosas y compartir nuestras historias. Lo mismo hace el río y los árboles. Prueba, y verás que es cierto.

Los días transcurrían lentamente, como el murmullo constante del río. Las medicinas y los remedios de la abuela iban obrando su milagro, y el niño, poco a poco, recuperaba fuerzas. Sin embargo, cada mañana mantenía su ritual: sentarse en la orilla, contemplar el desfile de peces y dejarse hipnotizar por el vaivén cristalino de las aguas.

Una mañana soleada, el aire fresco acariciaba las hojas y el río parecía cantar. Ariel fijó su mirada en un pececillo inquieto que nadaba y saltaba cerca de la orilla. Su curiosidad se transformó en asombro cuando escuchó una voz diminuta que le dijo:
—¡Hola!

El niño respondió apresurado:
—Hola.

Y pensó con el corazón palpitante: El abuelo tenía razón… puedo conversar con los peces.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Ariel.
—Me llamo Salmón, como todos mis hermanos. ¿Y tú?
—Yo soy Ariel. Nosotros tenemos cada uno nuestro nombre, para no confundirnos.

—¿Por qué estás solo y no con tus hermanos? —insistió el niño.
—Prefiero andar solo —contestó el pez—. Allá todos pelean por las flores que caen de un árbol cercano. Yo, en cambio, busco otras cosas aquí.
—Si son florecitas amarillas, conozco un árbol que también está florido. Sus flores no caen al río; yo podría traerte muchas.

—Gracias, me gustan mucho. Me alimentan bien antes de marcharme a cumplir mi destino en el mar.

El niño lo miró con fascinación.
—Me gusta hablar contigo porque hablas igual que mi abuelo. ¡Cómo sabes tanto, siendo tan pequeño!

El pez sonrió con sus ojos brillantes.
—Nosotros no somos como ustedes. Desde que nacemos ya sabemos qué debemos hacer, qué comer y en qué rincón del mar pasaremos nuestros días. Incluso sabemos dónde debemos ir al final de nuestra vida. En pocas palabras, nacemos con nuestro destino escrito en las aguas.

Ariel guardó silencio, pensativo.
—Mi abuelo me dice que, a lo largo de su vida, fue labrando un destino, y que lo mismo me tocará hacer a mí.

—Así es —respondió el pez—. Ustedes deben aprender, estudiar y descubrir lo que los rodea y lo que está más allá. Con ese conocimiento van tallando su destino, como un escultor que da forma a la piedra. Tu abuelo es un hombre sabio, y te está enseñando a escuchar la voz del mundo.

 

Los días transcurrían tranquilos, y cada mañana se repetía el ritual: Ariel y su amigo el Salmón conversaban a la orilla del río, como si el tiempo se detuviera para ellos. Pero una mañana, Ariel llegó con el semblante conmovido. El pececillo apareció y le preguntó con voz cristalina:
—Hola, Ariel, ¿qué te ocurre? Te noto preocupado.

El niño suspiró.
—Es que mi padre viene en camino para buscarme, y yo no quiero irme. Aquí me siento bien, acompañado… y además estoy mejorando de la enfermedad que tenía.

El Salmón bajó la mirada y respondió con serenidad:
—Yo también debo darte una noticia. Esta semana cambia la estación y, junto a mis hermanos, ha llegado la hora de partir. Hemos crecido lo suficiente para enfrentar otra etapa de nuestras vidas mar afuera. Es parte de nuestro destino, así como el tuyo es completar tu formación y aprender más para construir el tuyo.

El pez hizo una pausa y añadió:
—Conversa con tu abuelo, él te lo explicará mejor. Mi destino termina en el mismo lugar donde empezó, así que podremos vernos nuevamente.

Ariel, entristecido, preguntó:
—¿Cuándo regresarás? ¿Cómo te reconoceré si ya serás un pez muy grande?

El Salmón sonrió y dijo:
—Yo te reconoceré. Pero espera un momento.

Se alejó velozmente y se internó entre la ramazón de un árbol caído en la orilla. Allí restregó su torso contra una espina, abriéndose una herida que comenzó a sangrar. Regresó junto a Ariel, que exclamó alarmado:
—¡Qué te ocurrió, estás herido!

—Sí, pero sanaré. No te preocupes. Me quedará una marca junto a mis aletas, y así sabrás que soy yo. Ahora debo irme. La marea sube y el río se ha vuelto pequeño para nosotros. Tú también partirás algún día, para seguir educándote.

En ese instante, la corriente arrastró un cardumen de pececillos que se perdían en una ola que avanzaba hacia el mar. Ariel, sentado en silencio sobre su piedra preferida, miró el horizonte hasta que el ruido de un automóvil lo interrumpió:
—¡Es hora de partir!

El tiempo siguió su curso. Pasaron los días y los meses, y Ariel continuó sus estudios, aunque nunca dejó de pensar en su amigo y en aquella temporada mágica junto a su abuelo.

Una tarde de primavera recibió la noticia de que el abuelo lo esperaba en la playa, insistiendo en que fuera precisamente esa estación. Sin demora, Ariel preparó su equipaje y emprendió el viaje, con la recomendación de alimentarse bien para fortalecerse antes del exigente período escolar que se avecinaba.

Llegar a la casa de los abuelos fue como regresar a un refugio de energía. Apenas bajó del vehículo, sintió que la vitalidad volvía a él. Los abuelos lo recibieron con alegría.
—¡Qué grande y guapo te has puesto! —exclamó la abuela—. Aunque estás muy delgado, algo haremos para que engordes.

Esa noche, Ariel se fue a la cama deseando que amaneciera pronto para volver al río. Mientras tanto, los abuelos conversaban en voz baja en el portal.
—Qué guapo está Ariel —dijo la abuela—. Aunque aún no se cura del todo de su asma, es un buen estudiante.
—Sí —respondió el abuelo—. Yo estoy llegando al final del camino y necesitaba verlo.

A la mañana siguiente, tras un suculento desayuno, Ariel emprendió su paseo hasta la roca junto al río. Apenas habían pasado unos minutos cuando un gran pez saltó frente a él, provocándole un sobresalto. La alegría lo invadió al escuchar la voz:
—Hola, ¿cómo estás? ¿Sabes quién soy? Mira mi torso.

Ariel vio la cicatriz junto a las aletas y exclamó:
—¡Eres tú! Qué alegría, qué grande y fuerte estás.
—Te lo dije: siempre volvemos al lugar donde empezamos. Ese es mi destino. Tú también has crecido y aprendido mucho, aunque aún te falta camino por recorrer.

Durante varios días, los dos amigos compartieron historias de lo vivido en su ausencia. Pero el Salmón comenzó a mostrar señales de cansancio: ya no saltaba como antes ni nadaba con la misma fuerza.

Se acercó a la orilla y habló con solemnidad:
—Hoy quiero decirte algo muy serio. Mis fuerzas se acaban y mis días también. Esta será la última vez que nos veamos. Es la última vez que subo la corriente para cumplir mi labor. Cuando la marea me lleve de regreso, concluiré mi destino siendo alimento para otros seres que también están labrando el suyo.

Ariel lo escuchó en silencio, con el corazón apretado, comprendiendo que la vida, como el río, nunca se detiene y que cada ser cumple su ciclo en el gran tejido del destino.

Ariel miró al pez conmovido cuando este le dijo:
—Quiero que me prometas que serás tú quien se alimente con mi carne. Así formaré parte de tus músculos y tus órganos, y te acompañaré en la búsqueda de tu destino.

El niño retrocedió, horrorizado.
—Lo que me pides es macabro, y yo no lo haré —respondió.

El salmón insistió con voz serena:
—Prométemelo.

Y sin esperar respuesta, dio la vuelta y se perdió corriente arriba.

Mientras tanto, en la casa, el abuelo comentaba a su compañera:
—Pronto vendrán a buscar a Ariel. Voy a pescar para que coma algo de pescado, pues no sé si lo volveré a ver. Vieja, creo que estoy llegando al final de mi camino. Ya no puedo hacerme a la mar, ni siquiera sé si lograré pescar algo en la boca del río.

Pasaron varias horas sin éxito, hasta que finalmente atrapó un pez grande. Regresó contento y dijo:
—Mira, atrapé uno enorme, y casi parece que se enganchó solo en el anzuelo. Lo limpiaré para que lo prepares a Ariel.

Cuando llamó al niño y le mostró el pez, Ariel se acercó y, al ver la larga cicatriz en el torso, gritó con desesperación:
—¡No! ¡Has cazado a mi amigo! ¡Qué has hecho!

Se desplomó en llanto frente al asombro del abuelo. Después de mucho llorar, se calmó y le contó la última conversación que había tenido con el salmón. El abuelo lo abrazó y le dijo con ternura:
—Eres un gran chico. No a todos les ocurre algo así. Atiende lo que te suplicó: él te acompañará para el resto de tus días. Siempre sentirás una fuerza interna que te impulsará hacia adelante.

La abuela preparó la cena y se la sirvió a Ariel, que entre lágrimas fue tragando uno a uno los trozos de su amigo.

La hora de partir llegó, y Ariel se marchó con una doble tristeza: la pérdida de su amigo y el presentimiento de que no volvería a ver más a su abuelo. Sin embargo, algo lo calmaba: sabía que sus músculos tendrían la energía de un salmón y su mente guardaría la sabiduría de su abuelo.

Atrás quedaron el silencio, la inmensidad del mar y las inquietas aguas del río. Allí, muy cerca de la piedra donde Ariel solía sentarse, cientos de pececillos jugaban con las florecitas que caían de un árbol. Lo curioso era que todos los alevines tenían una cicatriz en el torso, junto a la aleta central.

 

 El cuento nos recuerda que el destino no es solo lo que heredamos, sino lo que construimos con las fuerzas y las enseñanzas que nos transmiten quienes nos aman. La vida fluye como el río: cada ser cumple su ciclo, pero deja huellas que nos acompañan siempre.

 

ING. BLAS MORAN

La Formación en los Movimientos de Masa

Hace algunas semanas veía en un canal de televisión de España, una entrevista que le hacían a una profesora bastante mayor, que se autodenominaba como una de las pocas activistas de izquierda, que quedan con vida, desde los tiempos del franquismo en España.

            La primera pregunta que le formularon fue: ¿Por qué casi todos los gobiernos de izquierda han fracasado durante el siglo XXI?  Sin demora contestó: “según mi opinión; porque en su totalidad, desconocieron que estaban en otro siglo y que igual que todo en el mundo, había que cambiar de paradigmas, sin perder la esencia…”

            Tanto fue así, que todos los partidos, agrupaciones, sindicatos y gremios fueron perdiendo vigencia, ya que los liderazgos se tornaron anacrónicos y los movimientos sin líderes auténticos se desmoronan como castillo de arena.

 

            El socialismo en el siglo XXI ha llegado al poder, pero han sido poco eficaces en mantenerse. La falta de análisis crítico frente a los nuevos desafíos que marca el momento actual les quita la habilidad para entender y orientar a las masas en un mundo con nuevas realidades. 

Si a nivel global esta situación es crítica, a nivel de gremios y organizaciones, es lamentablemente caótica. Desde el movimiento estudiantil hasta los más grandes gremios, sea cual fuera su base, son verdaderos “analfabetos gremiales”.

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            Toda comparación resulta antipática, pero tengo que decir, que durante mi época universitaria siempre pertenecí al movimiento estudiantil universitario y mucho se repetía una máxima, “No hay acción revolucionaria, sin teoría revolucionaria” y en las cercanías de la universidad había una biblioteca que traía periódicamente, pequeños libros sobre diversos temas políticos y se agotaban en poco tiempo.  Los publicaba la editorial Siglo XXI.

            Hoy día, hay pseudo-dirigentes, que se precian de no haber leído en su vida, ni un pinche panfleto sobre orientación y control de masas y también encuentra usted a individuos, dizque liderando movimientos, que no son más que meros agitadores y no es que los agitadores no tengan una función importante que cumplir; si la tienen, pero en otro momento y lugar.    Los dirigentes se han convertido en líderes sin ideas; que repiten consignas añejas, propiedad de distintos movimientos de épocas vencidas.  Son meros servidores de pasado en copa nueva.

            Si vemos los resultados de la reciente huelga o paro de docentes, se pueden rescatar muchas experiencias, pero que no es el propósito de este escrito, ni yo soy la persona apropiada para hacerlo; sin embargo, Lenín anotaba: “Un movimiento obrero puede ir a una huelga y perderla y regresar sin logros siempre y cuando se mantenga de manera monolítica la unidad del gremio, igual que cuando se inició el movimiento y que no se haya logrado beneficio para unos pocos, a diferencia del resto”.     Me disculpan, pero yo noté que la unión no fue monolítica desde que inició el movimiento y no fue porque fueron “rompe huelga” es que nunca estuvieron en ella.  

            Es momento de la rendición de cuentas y las autocríticas, sobre todo de los dirigentes.     La guerra no está perdida para la organización.  Hay que lamer las heridas, reagruparse para retornar fuerzas y reorientar la brújula con una dirigencia renovada y fortalecida pero capaz.    Hay muchos libros y manuales serios, sobre el movimiento y conducción de masas, pero, cómo estaremos de mal en la educación, que hasta los dirigentes magisteriales están desactualizados en temas como estos.

            Repito que no soy la persona indicada para dar orientación gremial a docentes, pero siento que es imperativo tener muy claro lo siguiente:    

¿Quién es un líder gremial?  – Es el individuo capaz de entender y resumir el sentimiento y querer de las masas; proponer la estrategia y el camino a seguir y generar confianza al proponer acciones y encarar desafíos.

Propaganda: Se resume en explicar un cúmulo de ideas a pocas gentes.  Es cuando se toma la resultante de las acciones acordadas y las bajas y lo explica a las bases, grupo a grupo, hasta que sea del conocimiento de todos.

Agitador: Es un motivador de masas para que, en conjunto, las masas motivadas hagan suyo el mensaje acordado.  A través de consignas cortas, llegar a toda la masa.  Una idea para mucha gente.

Estos podrían ser los más importantes, ya que pueden existir otros cargos como vigilancia especial, seguridad y otros más.

           

P.D.  Este escrito lo tenía casi terminado cuando se inició el movimiento docente, pero decidí suspenderlo para no interferir, pero hoy, a raíz de los acontecimientos, siento que es tarde hoy el escribir mañana.

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BLAS MORAN

Semana y Tradición


“Las letras con sangre entran”. Así decía un lema en el siglo pasado para indicar que el aprender a leer y escribir era fundamental. Tan importante que, si era necesario el castigo durante la enseñanza, había que hacerlo. Por otro lado, la Iglesia hacía lo propio; para evangelizar era frecuente el uso del terror y el miedo para inducir el evangelio y exaltar fechas memorables.
No existe pueblo ni región de América Latina que, para respetar y conservar las tradiciones de una fecha memorable como la Semana Santa, no hayan creado a su alrededor, un cúmulo de mitos y leyendas que con el tiempo han pasado a ser parte de la identidad cultural de esos pueblos; pero en este nuevo siglo, la tendencia es a desdibujarse y dar paso a otras costumbres más profanas y acordes con los nuevos tiempos que se viven. La Semana Santa es una época mágica de la que se desprendan historias, cuentos y mitos; y estos cuentos crecerán contigo y te acompañarán a lo largo de tu vida y en algún momento tú también se lo referirás a un hijo o como en mi caso a un sobrino.
Hacen ya varios años, compartí con ustedes un cuento que envolvía varias supersticiones que se daban en mi pueblo de Cabuya de Chame durante la Semana Santa. Ya casi lo había olvidado, hasta que hace una semana un amigo de Colombia me lo recordó y me decía que por qué no les preguntaba a las brujas sobre “la flor del higuerón” y que a él ese cuento le había gustado mucho.


Para complacer a mi amigo, les voy a compartir nuevamente este cuento y espero que lo disfruten, ya que será con certeza uno de los últimos cuentos de Viernes Santo que lean:
Cuentos de Camino, un Viernes Santo
Para todos los niños del pueblo el Viernes Santo era una fiesta donde uno se preparaba con anticipación, ya que todos iríamos a Chame a visitar la iglesia y caminar la procesión del Santo Sepulcro.
El único problema era que nadie tenía vehículo y la única “chiva” que entraba debía realizar tres viajes para llevar a las personas a Chame y tres viajes para regresar a la 1:00 p.m. cuando entraba la procesión. Si perdías el tercer viaje, te tocaría regresar a pie desde Chame, hasta el pueblo, por camino de caballos y a esa hora les puedo asegurar que no era nada agradable.
Mi tío, tan devoto como los demás, pero a su vez, apegado a las normas con que había crecido, iba a todas las ceremonias a Chame, pero a caballo. “Así cuando yo quiero irme me voy sin esperar ninguna chiva”. ¿Tú tienes caballo, por qué tienes que esperar una chiva? Ya estás en edad de andar en tu caballo; ¡ensíllelo y vámonos para que aprenda cómo es la cosa! Para un niño de diez años una experiencia como esa no deja de ser alucinante y de la mano de una persona con tanta experiencia, había que aprovecharla.
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No tardé mucho en colocar la montura al caballo y me arreglé con todas las “togas” que un niño podía ponerse para ir a un acontecimiento como la procesión de Viernes Santo en Chame. Me puse además un suéter para abrigarme del frío que pudiera hacer en el camino y cuando el reloj marcaba las 6:00 p.m. emprendimos nuestro viaje, no sin antes escuchar la advertencia de mi tío: Debemos ir temprano, para agarrar todavía algo de luz en el camino; hoy es un día especial y el maligno ya debe andar rondando.
Esta primera advertencia me llenó de expectativas, pero no dije nada.
Los caballos avanzaban, así como también avanzaba la noche y cubría de negro el cielo y el entorno puesto que ya harían como tres noches oscuras, así que la luna saldría bastante tarde.
A las siete de la noche estábamos amarrando los caballos en casa de un pariente que vivía antes de cruzar la interamericana y seguimos a pie hasta entrar al pueblo y mezclarnos con la muchedumbre que llenaba las calles del pequeño pueblo y nos abrimos paso hasta llegar a la iglesia.
La iglesia a esa hora estaba repleta de gente que entraba y salía cada una con una motivación diferentes, pero toda relacionada con la fecha. Unos muy devotos habían llegado desde temprano, para escuchar el sermón de las siete palabras, arrodillarse frente al monumento y acompañar en procesión al Santo Sepulcro. Otros aprovechaban la ocasión para llevar velas moradas, tomar agua bendita y llevarse algunas flores del Santo Sepulcro para a las 12 de la noche, preparar conjuros con distintos propósitos. Para los jóvenes era un buen momento de ir conociendo amistades y si era posible ligar con alguna pareja, aunque fuera dentro de la iglesia.
Yo me mantenía atento a las instrucciones de mi guía, quien me iba presentando a medio mundo de los conocidos que se iba encontrando, hasta que llegara la hora de la salida de la procesión, que con su tradicional paso de tres para adelante y dos para atrás, hacía que este proceso fuera no solo lento, sino cansón.
Lentamente el tiempo fue avanzando y entre los desafinados compases de una banda y los lamentos o sonidos guturales de un “miserere”, la noche fue cubriendo con su manto a todos los penitentes y feligreses, mientras una leve brisa más bien fría penetraba los huesos y hacía que el caminar se tornara en penitencia.
Ya cuando el reloj llegaba a las 11:00 p. m. el sueño, el frío, el cansancio y el aburrimiento hacían presa de mí, tomé valor y le digo a mi tío: ya la procesión está próxima a entrar, ¿por qué no nos vamos? Sin vacilar ni un instante me contestó: ¡No podemos, no ves que Cristo está muerto y a las 12 exactas el demonio sale a

celebrar su triunfo!. Entonces esa hora no nos puede encontrar en el camino, debemos esperar que pase.
Esta parte de historia no me la habían dicho antes de venir, de seguro que no hubiera venido y ahora yo quería regresar en la chiva, pero que hacía con el caballo? Todo el cansancio y el sueño se me quitó, solo me quedó el frío que me quemaba los huesos y una grave aprensión que más bien era miedo. Me dice mi tío: Cuando la procesión se oriente hacia la entrada nos vamos; así cuando sean las 12, ya estaremos tomando los caballos y dirigiéndonos hacia la casa.
Ya no sabía si me quería ir o esperar que la noche pasara, pero esta siguió y eran las 11:30 p.m. cuando mi tío me dijo: Vámonos, ¡que la luna está alumbrando y eso nos ayudará! Así llegamos hasta donde dejamos los caballos, los arreglamos y partimos.
La luna que tanto me agradaba para poder jugar de noche, ahora la sentía como una macabra cómplice que hacía que cualquier arbusto con su ayuda proyectara una sombra que se acercaba hacia nosotros. Por nuestra frente nos cruzaban los murciélagos a los que siempre había tenido miedo, pero que ahora al resplandecer con la luna se tornaban terroríficos.
De pronto del suelo se levantaron varios pájaros que con la luz de la linterna de mano de mi tío se le veían los ojos rojos como encendidos. Yo me sobresalté y mi tío al verme así me dijo: no temas esos son capachos, esos pájaros no hacen daño a las personas; lo malo es que ellos son mensajeros de las brujas, por eso siempre están por los caminos, no vuelan alto y avisan a sus dueñas quiénes se acercan. Yo guardaba un hermético silencio mientras mi tío seguía hablando: Ya pasaron las 12 medianoche, pronto vamos a bordear el río y pasaremos junto a varios árboles de higuerón y es por ese lugar donde yo no quería que me dieran las 12.
No me pude contener y solo le pregunté, ¿por qué? El me respondió: En esos árboles han ocurrido muchas cosas y todos los viernes Santo hay que cuidar de no estar cerca de ellos a las 12 de la noche. Dicen los viejos que cuando crucificaron a Cristo y murió, el demonio salió a celebrar el triunfo del mal sobre el bien y que justo cuando iban a ser las 12 de la noche, se paró bajo un frondoso árbol; pero sentía la necesidad de ser adorado y le pidió al árbol que le bañara con flores y el árbol le dijo: no puedo, yo no tengo ni flores, ni frutos para ofrecerte y el demonio le dijo: bueno, eso para mí no es gran problema, a partir de hoy tú florecerás con las flores más olorosas y hermosas que hayan existido, pero solo podré verlas y admirarlas yo y los que a mí me adoren.
Al instante el árbol de higuerón se cubrió de flores que abrieron y despedían fuertes aromas a azufre y mirra, que atrajeron miles de luciérnagas y cocuyos que

hacía que las flores brillaran como si fueran de luces, cientos de murciélagos volaron alrededor del maligno y negros cocorrones volaban entre las flores y chupaban el néctar que en ellas había.
Todo se hacía en torno a la figura y el trono que se había construido el demonio para ser alabado esa noche, ya que a la 1:00 a.m. él debe regresar a las profundidades del averno y desaparecer, dejando atrás solamente la fragancia diabólica de las flores del higuerón y si te toca estar a las 12 bajo un árbol de estos, automáticamente te transformas en demonio y nadie te vuelve a ver.
El higuerón es tan celoso de su trabajo y su función, que no permite que otros árboles estén cerca de él y poco a poco los va envolviendo y se los va comiendo y es por ello por lo que uno puede ver e incluso coger sus frutos, pero nunca sus flores, estas solo salen el Viernes Santo, a las 12 de la noche.
¿Pero, alguien ha visto esas flores alguna vez? Le pregunté, ya te dije que solo los adoradores de Satanás, así como nosotros estábamos en una iglesia y escuchamos misa, nos salvamos. Ellos y una que otra bruja viene a un palo de higuerón a adorar al diablo este día. No te quise decir nada, para que no miraras para arriba, pero acabamos de pasar los tres palos de higuerón y ¿sentiste el olor a mirra? Se siente todavía…
No contesté pero de seguro que cualquier cosa que yo hubiera sentido, iba a decir que me olía a mirra, aunque nunca la hubiera olido.
Para variar un poco la conversación, le pregunté: ¿y fue allí que las brujas tenían su fiesta? No era fiesta, ya te dije que hoy es un día muy serio también para ellos era día de adoración.
Me dice entonces: Por algún motivo las brujas si llegan allí a bailar y fiestear, es cuando un domingo cae en día 7.
¿Si y eso por qué? Respondo yo de preguntón
Ese día bailan desde las 12 hasta el amanecer y van llegando y trayendo cada una un ingrediente, prenden una fogata, colocan un caldero con agua y a la que le van añadiendo: 6 murciélagos de cueva, 6 serpientes barrigueras grandes, las cabezas de 6 capachos y la cabeza de un macho cabrío. Todo esto mezclado con hojas de higuerón y otras yerbas y otras cosas que mientras se cocinan, saltan y brincan cantando: lunes y martes y miércoles 3, jueves y viernes y sábado 6 y domingo y domingo 7, domingo 7, domingo 7.
Este aquelarre se extiende hasta que esté el potaje, todas beben hasta embriagarse y dicen que esta ceremonia les da vitalidad y poder para desarrollar su arte con mayor fortaleza.

En realidad, escuchando toda esa historia, el tiempo se me fue más rápido que el de la procesión y nos acercábamos al río que por lo menos a mi me decía que estaba en terreno conocido y, sobre todo, abierto y bien alumbrado, ya que la luna se veía ahora hermosa y no sabía si es que estaba en el cielo o salía del inmenso espejo que era el charco del río.
Los caballos se aligeraron y en la cantarina corriente hundieron el hocico y empezaron a beber agua hasta calmar su sed. Nuevamente me comenta mi tío mira, la luna está en la mitad del cielo, eso quiere decir que la marea está honda. ¿Sí? ¿Cómo sabe? Aprende esto sobrino: … “Luna en medio cielo, agua en los esteros”… Este es el momento en que los pescadores van a levantar los trasmallos en los esteros, para atajar los peces. Otro día te explico mejor eso, ya estamos llegando a casa.
La verdad que ese Viernes Santo aprendí lo que nunca hubiera aprendido en la chiva, pero de seguro en un viaje en chiva jamás hubiera sentido el miedo y la sensación de estar tan cerquita del inframundo y sus habitantes, como ese viaje a caballo para llegar a Chame un viernes Santo.
Blas Morán
Semana Santa, abril de 2025

Un Día Memorable

           A mediados del mes de enero, organizamos un paseo familiar al Lago Alajuela, saliendo de Salamanca en Colón, aprovechando que en ese brazo del lago todavía está hondo, como para salir en lancha.

            Yo le decía a mi hijo que “ese paseo me gustaba mucho, porque es lo más cercano a mis ya distantes años de funcionario de RENARE, en la Cuenca del Canal.

 

            Nuestro destino era alguna playa del Río San Juan de  Pequení, ya que sabía que como íbamos en lancha, no podíamos llegar a la comunidad, pues a esa sólo se llega en piraguas.

 

            Sólo hicimos salir al lago abierto y nos sorprendió un fuerte aguacero, casi igual a uno del mes de octubre, (afortunadamente, sin viento fuerte); una gran experiencia para aquel que nunca enfrentó un aguacero en una embarcación pequeña.

 

            Al llegar a nuestro destino las sorpresas seguían impactándome.  Me percaté que de manera inusual subían muchas piraguas hacia el cercano poblado de San Juan de  Pequení y el motorista  me dice, “es que hoy concluye la liga de futbol en Salamanca”.

 

            Yo que conozco el área me preguntaba, dónde se puede jugar futbol en un lugar que al caminar para donde tú quieras, o vas, subiendo o vas, bajando?  No hay terreno plano.  Las piraguas cargadas de gente siguieron subiendo y entre ellas una que se me pareció a los buques que atraviesan el canal, cargados con miles de contenedores.  Pero esta piragua iba sobrecargada de cajas de cerveza.

 

            Mi  hijo Boris que es muy inquieto, se fue hasta el pueblo para ver la inusual actividad.  Se percató de que en efecto, en la cima del cerro había un pequeño plan y allí se realizaban los juegos de futbol y cada equipo llevaba su barra.  Y vienen de comunidades tan distantes, como Chilibre y toda la transístmica o Gatuncillo.

 

            Las piraguas seguían subiendo, a veces una tras otra, a lo que yo planteé que allá arriba debe haber un “bien cuidao” que acomode tanta piragua en un rio tan angosto.

 

El motorista me dijo: es que hoy se clausura la liga, ya que el lago está bajando y el

próximo fin de semana, ya no podrían subir hasta allá.  El día transcurría bien soleado y acompañado de una suave brisa hasta que llegó la hora de emprender el regreso y así fue.

Con el viento a favor y un lago tranquilo y sereno, regresamos, admirando la belleza de una tupida selva de donde salían o se posaban garzas de variados colores, tucanes, Martín pescador y la cereza del pastel: un par de nutrias jugueteando en las aguas de la orilla, sin preocupación alguna.

 

El viaje hasta la ciudad nos dio solo el tiempo para llegar, cambiarnos y emprender camino hacia otro gran evento.  En el Parque Omar se clausuraba el festival “Musicalion” y el tema de ese día era “Disco fever” con música de los años 70.  Las graderías eran toda la colina que estaba frente al escenario y estaba abarrotado de personas cincuentonas o más.  Fue una velada fabulosa, ya que la muchedumbre de manera desinhibida coreaba y bailaba todas las canciones.

 

Yo me decía para mí, qué hermoso es un pueblo cantando y bailando sin las preocupaciones de afuera.  Esa noche disfrutaron sus minutos de fama, aunque a  algunos mañana la columna o las rodillas les pase la factura.

 

Yo, por mi parte, concluía un día memorable, lleno de naturaleza y alegría, no solo corporal sino espiritual.

 

BLAS MORÁN

Las Oscuras Golondrinas

Revisando mis viejos discos de vinilo que ahora se han puesto de moda, escuchaba a la artista y cancionera española Amparo Rivelles, interpretar la canción Golondrina de Ojos Negros, que a mí en lo particular me gusta mucho; y le comentaba a mi amigo Chepe, lo importante que han sido las golondrinas como elemento inspirador para los poetas y compositores, en el viejo y nuevo mundo, pero que para los compositores mejicanos esta presencia ha sido superlativa.

 

Son muchas las canciones con la presencia de esta ave (no me atrevo a decir cuántas, pero son muchas).  Lo interesante es que siempre se refieren a ellas como algo efímero, temporal, que reaparece en el tiempo o por lo menos a eso es lo que aspira el poeta. 

 

Las golondrinas van o vuelven de lontananza como los buenos momentos de la vida.

Con este preámbulo deseo compartir ahora un recuerdo de mi lejana infancia, cuando a diario tenía que atravesar el parque de Santa Ana, para llegar o regresar de la escuela Manuel José Hurtado en calle 14.

  Casi frente a la iglesia estaba un gran árbol de mamón, que creo, todavía existe.  Bueno, en ese gran árbol pernoctaban cientos, por no decir miles de golondrinas y esto era todo el año.

 

Para la muchachada y algunos adultos, esto era particularmente molesto, ya que la cantidad de excretas que, desde las tardes, hasta la mañana, se depositaba en la circunferencia del dosel de semejante árbol, ensuciaba no sólo el piso, sino numerosas bancas. y lo peor, durante el período de fructificación, dañaban las frutas que iban cayendo.  Toda una tragedia infantil. Recuerdo que los bomberos serían los encargados diarios de lavar con manguera el parque Sta. Ana.   El cuartel de los bomberos aun esta hoy muy cerca del parque pero cual sería la situación hoy dia?

 

En la actualidad les comparto otra experiencia: En toda la entrada de mi barriada pasa el tendido eléctrico, hacia todas las viviendas que están adentro de la barriada.  El tendido eléctrico por varios metros es todas las noches ocupado por un grupo grande de golondrinas, para pernoctar; y aclaro, varios puntos de la ciudad son ocupados por bandadas de estas aves y tengo entendido que, si no son molestadas, están en estos sitios por muchos años y no se le ocurra estacionar su carro cerca,

 

Lo cierto es que las golondrinas no han sido tema de inspiración, ni para nuestros poetas, ni para nuestros compositores y hasta los gallinazos tienen por lo menos una canción o una décima.

 

Desde las oscuras golondrinas de Becker, las afiebradas golondrinas de Gardel y las viajeras golondrinas de numerosos autores mejicanos, todos nos hablan de aves que se fueron mientras que un enamorado o un poeta esperan su regreso.” Y esa locura de añorar su regreso, es locura eterna de todo poeta”.

 

¿Será acaso que se vienen a Panamá a ensuciar nuestros parques y avenidas? 

 

Yo debo preguntarle a mi estimado amigo y gran conocedor del tema Lic. Beni Wilson que nos aclare por qué las golondrinas vienen a cagar acá mientras hay mucha gente en otros países mirando hacia el mar en espera de su regreso, ya que les llevan vida, amor y alegría, mientras en el interin, que tal si le dedican aquí, aunque sea un reggeton a las golondrinas que ellas le corresponderán con todo el agradecimiento que cada noche traen y pueden darle.

 

ING. BLAS MORAN

El Vuelo de la Libélula

Hoy, en los primeros días de agosto estoy en Cabuya y después de varios días de lluvias intermitentes, al sol por fin le han permitido asomarse.

 

La mañana esta radiante, con un sol muy brillante, pero que aún no quema.

 

La grata sorpresa fue, que sobre una parra de “veraneras y una enredadera de “lazos de amor”

revoloteaba un enjambre de cientos de “caballitos del diablo” (libélulas) muy parecido al vuelo nupcial de los gallinazos y halcones, precisamente en este mes.

 

El momento para mí fue alucinante y ocupé varios minutos en contemplar el espectáculo que la madre naturaleza me regalaba de gratis.  Casi media hora me dediqué a contemplarlos a la vez que discurría por mi mente la inspiración que este insecto de la familia Odonata (por el nudo que tienen sus alas) le ofreció a Leonardo da Vinci para diseñar la primera máquina voladora que luego sirviera para construir el famoso helicóptero.

 

Viendo como giraban y hacían piruetas todas las libélulas, recordé tanto como giraban y retorcían en el aire sobre la ciudad y nuestra barriada los helicópteros gringos cuando nos invadieron.  Eran caballitos del diablo en pleno vuelo imperial, alumbrados no sólo por un sol mañanero, sino las llamas de todo el barrio de El Chorrillo que se consumía gracias al terrorífico evento.

 

Volviendo a nuestro tema inicial, pareciera que este mes es la época en que mucha de la fauna silvestre aprovecha para aparearse y que la descendencia salga cuando hay todavía comida en un ambiente adecuado.

 

Ya mencioné a los halcones y los gallinazos; me sorprendieron las libélulas; en la noche salen en los lugares oscuros sin luz eléctrica, cantidades de luciérnagas Llamando con su luz a la pareja para aparearse.  En caminos no asfaltados también se pueden ver con frecuencia bebiendo agua en pequeños charcos que deja la lluvia o en estiércol de vaca o caballo, grupos de decenas de mariposas amarillas, las mismas que mencionara García Márquez en su famosa novela.

 

Las grandes ausentes siguen siendo las mariposas de las que ya les comenté hace algunos años.  Se trata de las “Urania”.  Hace años que se fue apagando su largo viaje de Costa Rica a Ecuador, pasando por Panamá y Colombia.

 

Ya se perdieron los vistosos enjambres de mariposas negras con sus alas bordadas de hermosos tonos de un brillante verde turquesa.  Su viaje coincidía con la fundación de la ciudad de Panamá, el 15 de agosto, por lo que algunos la llamaban Mariposa de Panamá.

 

El tiempo en que los chiquillos de Santa Ana corrían en la plaza para atrapar a las mariposas que se caían al suelo o que algún mozalbete las tomaba para secarlas entre periódicos o algún libro viejo, para después regalarla a alguna muchacha, pasaron a la historia. Solo queda el recuerdo ya que su hábitat fue destruido por el hombre.

 

Los cambios que ha sufrido nuestra sociedad son muchos y variados; en todos los aspectos.  También los está experimentando el clima; algunas especies nuevas se fortalecerán y crecerán, pero estas con las que crecimos y de alguna forma alegraron nuestra niñez, como las golondrinas de Becker… esas no volverán.

 

P.D.  Las libélulas son voraces depredadoras de larvas de otros insectos, ¿qué tal si pudieran adiestrarlas para que buscaran en todas las ciudades del trópico las larvas de mosquitos causantes del Dengue?  El propio hombre se encargaría de regar insecticidas y terminaríamos exterminando los “Caballitos del Diablo” como ha ocurrido con otros insectos benéficos como las abejas.

Vivir en armonía con su entorno son cosas que el hombre no aprende jamás.

 

ING. BLAS F. MORAN

Artesanos, oficio en extinción

 

 

Cuando hablamos de artesanos, nos remontamos a tiempos mucho más atrás de los tiempos bíblicos.  Como siempre, la base de una comunidad de Homo sapiens descansaba sobre los labriegos o los hombres que trabajaban la tierra y los cazadores y pescadores.  La misión principal era producir o conseguir comida.

 

Muy pronto los humanos desarrollarían habilidades y destrezas que les permitirían inventar la rueda, las palancas, las canastas y muchos utensilios y aperos para hacer más fácil su trabajo.  Estos hombres y mujeres se fueron especializando en la confección de aperos o procesos, así como el desarrollo de alguna habilidad única, ya fuera material o espiritual, que engrandeciera los vínculos de esa comunidad.

 

Ya para la época feudal, el gran señor era dueño de la vida y honra de todos los que habitaran dentro de su feudo y determinaba también, además, quien y cuando hornearía todo el pan de la comunidad, quien fabricaría los clavos y otros oficios como albañiles, carpinteros, contadores, costureras, pescadores, etc. Y la opción que le quedaba a los hijos era aprender el oficio de su padre y ofrecer sus servicios al señor feudal.

 

Con la caída del feudalismo y la ampliación de los mercados, estas costumbres fueron variando, más no se han perdido totalmente, ya que el capitalismo como modelo económico entró, pero en muchos países (como Panamá y otros) quedaron reductos de costumbres feudales que coexisten con el modelo imperante, provocando distorsiones sociales, mientras que en otras partes la industrialización se impuso con sus grandes fábricas y arrasó completamente con los artesanos en las ciudades.   Son varias y diversas las distorsiones que en nuestra sociedad podemos encontrar y en casi todas son los artesanos los que llevan la peor parte.

 

Hace algunos días salió en televisión una entrevista que le realizaron a un artesano de la comunidad de La Pintada, sobre los sombreros “pintaos”.   El señor contaba que el aprendió ese arte viendo a su papá y que a falta de otras oportunidades continuó con el trabajo y ahora es el que los teje y comercializa, pero que a los hijos no les agrada mucho el oficio.

Todos los países de la región tienen su sombrero que los identifica; y todos en la actualidad están amenazados por la desmedida avalancha de sombreros sintéticos, traídos de China, afectando notoriamente a los artesanos locales.  Colombia se vio en la necesidad de prohibir la entrada de estos sombreros y hoy día localmente vemos como los encuentras casi en todos los puestos de venta de sombreros, puesto que allá no los pueden vender.

 

Otro ejemplo que me llamó la atención es el siguiente y que les comparto.  Todo el mundo ha escuchado y visto postales del famoso palacio “Taj Mahal”.  Este monumental edificio lo construyó un emperador de la India como mausoleo para su esposa recién fallecida. Su belleza es deslumbrante, está revestido de mármol muy blanco, bordado en bajo relieve con hilos de oro e incrustaciones de piedras semipreciosas.  Dice la leyenda que el emperador mandó a cortar las manos de todos los constructores, para que no pudieran construir otro edificio igual.  En realidad, esto es solo leyenda, ya que semejante obra de arte, una de las maravillas del mundo contemporáneo, requiere de mucho mantenimiento y los artesanos que decoraron todas las paredes no eran de la India, sino que los buscaron en tierras muy lejos de allí.  Para subsanar este problema les dieron alojamiento en los alrededores amurallados del complejo y este alojamiento sería de por vida, igual que el empleo que tendrían como artesanos para mantener el Taj Mahal.   A cambio de estas prebendas toda su descendencia masculina estaría obligada a aprender el oficio y a no asistir a ninguna otra escuela; también tendrían la libertad de realizar trabajos en mármol como cuadros, mesas y cualquier artesanía decorada con detalles y piedras semipreciosas para la venta a turistas.   Como ejemplo, hoy en día, un pequeño plato de mármol con decoraciones en bajo relieve con 5 pulgadas de diámetro llega a costar B/.100.00 y una mesa de sala para 4 sillas cuesta B/.5,000.00 puesto en el país del comprador.   El libre albedrío de estos artesanos y sus descendientes ha sido totalmente eliminado, así retienen ellos a los artesanos del Taj Majal.

 

Las artesanías y los artesanos están íntimamente ligados a la identidad de los pueblos.  Si esa identidad no está bien definida y la comunidad no se siente parte de ella y el artesano no siente que lo que está laborando con sus manos es una parte de su cultura con valor económico además del cultural, no lo va a conservar y menos lo incluirá en sus tradiciones, ni lo enseñará a sus descendientes.  Si a esto sumamos el abandono y la exclusión económica en las áreas rurales y la dificultad en la obtención de la materia prima, todo incide negativamente en que los artesanos se vean obligados a dejar su oficio y pasar a la informalidad, buscando la manera de sostener sus hogares.

 

Conservar y proteger a los artesanos es una preocupación y obligación de las autoridades, pero no basta construir un mercado para que vendan sus productos.  Hay que seguir capacitándolos para que sus productos tengan cada día mayor acabado y creatividad, no olvidemos que con la globalización estamos expuestos a los productos de todas partes del mundo, contra los que hay que competir.  

 

Por otro lado, la identidad cultural debe llegar también al resto de la población y que sientan que, Si usted se viste con una pollera pintada y no zurcida, hecha industrialmente en cualquier lugar, usted no está vestida de Panamá; está disfrazada de cualquier cosa.   Sin embargo, al comprar una autentica artesanía panameña, usted lleva con orgullo un pedacito de Panamá.    ¿Cuántos oficios artesanales se han perdido y que la comunidad añora? Les menciono algunos: Costureras, tejedoras, zapateros, carpintero, tallador,afiladores y estoy seguro de que usted tendrá su propia lista.

El Diablo es un Señor Muy Ordenado

 

Hace ya buen rato que no conversábamos sobre cualquier tema; pero este año de manera forzada por un resfriado, me tocó pasar encasa todas las pre y las post-fiestas de Corpus Cristi de Azuero.  Con la ayuda de las explicaciones que daba el folklorista durante el desfile de diablos de Parita, más los entusiastas comentarios de mi amigo Jacques que no se pierde una fiesta de Corpus y que como buen europeo sí conoce muy bien a todos los diablos, ya que la mayoría han salido de allá.  Si a esto le suma su recorrido desde Burquina faso al palo de mayombe en Brasil, el vudú de Haití y resto de las Antillas, hasta terminar en todo Panamá: Mira que sí ha visto diablos ¡

Todo este bagaje informativo, me empodero para abordar tan complejo tema.

Si a toda esta retroalimentación diablesca le sumas la sesuda descripción que nos canta Facundo Cabral sobre el diablo, debo concluir que hoy conozco más al diablo y me explico mejor cada una de sus acciones.

 

Empezando y lo vimos en Parita, no todos los diablos tienen “cachos”.  Así nos dice Facundo.  El diablo es un señor muy ordenado, nunca olvida su saco y el sombrero y a veces, esconde sus cuernos y su cola en negro y pesado maletín, donde guarda entre otras cosas los permisos que le autorizan a oprimir al pueblo y saca entonces sus mejores galas y otra cara y hasta utiliza la cruz si es necesaria; con coloridos vestidos y muchos espejos bailan y festejan frente al mundo y logran cegarlos con su brillo, mientras le roban hábilmente su inocencia.

 

El diablo no solo esconde bien sus “cachos”, sino que puede usar tres, cuando es gran diablo y se reúne con socios de otras tierras y cuartean no solo el sol, sino las vidas.

 

Hay que ver a los diablos cuando entrenan su orgullosa legión de mil diablitos para que cuando crezcan sean capaces de seguir la tarea paso a paso.

 

En su gran maletín va acumulando la esperanza, la fe y la primavera y algo que  bien guardado lleva; la alegría infantil que nunca han conocido en ninguno de los cuartos en que partieron la manzana.

 

El diablo se mantiene muy ocupado recorriendo muy bien el este y el oeste; y como lo que se utiliza es alta gerencia, solo los diablos están autorizados, ya que las diablas en esto están al margen.

 

 

En el mundo de hoy mucho ha cambiado y no es raro ya, ver en las negociaciones los diablos, las diablas y hasta diables, siempre y cuando aporten a la bolsa todo el esfuerzo requerido para que el siervo entre al redil acordado, ya en la mesa.

 

El diablo últimamente está apurado, ya que tiene pendientes al norte al sur al este y al oeste.  Talvez quizás, en Palestina o Barrio Nuevo y también porque no, hasta en el Vaticano.  Y entre asunto y asunto siempre saca un instante para empinar el codo y entre tragos de sangre y fentanilo, sobrellevar mejor la dura carga.

 

Una última tarea, le queda a la diablada y es explorar en el averno, otro mundo por si acaso el actual ya no aguantara.

 

ING. BLAS MORAN

Junio 2024

Una Ración de Amor

 

Hace ya rato no conversábamos y compartíamos algunas vivencias.

Bueno, hace apenas una semana tuve una grata experiencia, digna de compartir por lo esperanzadora.  COSEGURO, la empresa de mi hijo realizó esta semana su habitual obsequio de 200 comidas para los habitantes de la calle en diferentes sitios de la ciudad.

Esta labor de responsabilidad social me pareció solidaria y bonita, tal como la vienen ya, haciendo con mucho esfuerzo, diferentes iglesias y asociaciones solidarias de la ciudad.

Lo diferentes de este caso y es lo que deseo compartir, son las premisas bajo la cual se desarrolla esta actividad:

Premisa 1.-  De cada póliza que la empresa vende, un porcentaje es reservado para responsabilidad social, bajo el supuesto de que hay que regresar a la comunidad, parte de los beneficios que ayudan a generar.

Premisa 2.-        Todos los empleados de la empresa interactúan para llevar a cabo todas las actividades sociales, ya sea en talleres de pintura en ambiente lúdico con los niños en riesgo social o los talleres anti estrés; y en el presente caso en la preparación de la comida que se entregaría.

Premisa 3.-        Todos aportarán su esfuerzo en la preparación de los alimentos y todos comieron la misma comida antes de salir a distribuirla, ya que “si no es buena para nosotros, no es buena para ellos”.

Premisa 4.        Todos van a distribuirlas a las diferentes calles y callejones, ya que no se trata de una “limosna” es un plato de comida brindado con amor.

        Seguro estoy de que alguna secretaria o administrativo, aunque pertenezcan a un estrato bajo (dicho en argot demográfico), nunca habían estado a menos de un metro de distancia de un “piedrero” y menos de verle a los ojos ofreciéndole un plato de comida.

Lo que ocurre es que usted puede pertenecer a un estrato bajo, pero toda esta gente no pertenece a ningún estrato.  Son los “nadie” como dice Eduardo Galeano: “los que no aparecen ni siquiera en las estadísticas, no llegan a ser ni siquiera nada y según dicen los planteamientos filosóficos; la nada “no es, ni puede ser imaginada”.

Es por ello que en lo personal estoy en desacuerdo con dividir las ciudades en estratos ya que atentan contra la dignidad de las personas, tal como lo hacían los españoles en tiempo de la colonia,

Que contradicción se plantea.  Social y administrativamente, no son nadie ni siquiera nada; pero son humanoides como tú y como yo.  No fueron predestinados a ser lo que son hoy; fueron expulsados del seno de una sociedad con un modelo económico que expulsa todo lo que no produzca algo que tenga un valor económico y mientras más crece económicamente una sociedad, más basura producirá y más “nadies” inundarán las calles. Una ciudad puede equiparar su progreso y crecimiento por la cantidad de ratas que en ella habiten.  Es la realidad de nuestras ciudades hoy día.

“Los habitantes de la calles es un tema tan contradictorio como profundo y da para un extenso escrito que desde luego no es el propósito del presente artículo.

Entonces, desarrollar actividades como esta que aunque pequeña se sale de la norma de una ONG u oficina de asistencia social, nos impulsa a recordar que tenemos responsabilidades que cumplir con nuestros congéneres y que ser rico no es acumular fortunas, sino ser felices en y con todo tu entorno. FELICITACIONES por ello y larga vida a COSEGURO.

ING. BLAS MORÁN

Llegando a una Meta;los 80

 

 

Sin darme cuenta, como cae la tarde cuando se aleja el día, llegué a los 80 años y de pronto me encuentro en un siglo que ya no es el mío, pero con la determinación y las ganas de seguir adelante hasta donde nos lleve el camino.

 

            Conociendo mi pasión por todo lo relacionado con la silvicultura y sobretodo con todo lo relacionado con la provincia del Darién, aproveché la invitación de mi hija a una gira de los estudiantes de Ingeniería Forestal de la UTP y los ingenieros de las fincas colindantes a su aserradero de última generación y los invitó a celebrar mis 80 años en ese moderno complejo industrial.

 

El día discurrió entre intercambio de opiniones, aclaraciones técnicas, anécdotas y deseos de todos los asistentes de salud y aporte técnico para mí, después de apagar las velas con la precaución de tener un extintor a mano por si las moscas, un incendio causado por la cantidad de velas encendidas.

 

            Después del suculento sancocho y una pertinaz llovizna, emprendí viaje de regreso pensando en todo lo experimentado durante el día.

 

            Qué bueno es poder recordar y comparar el ayer con el hoy.  Así les contaba a los estudiantes que yo fui testigo de la última gran inundación natural del rio Bayano, ya que tendría posiblemente la edad de ellos cuando nos mandaron de la facultad a realizar el censo de damnificados, desde Jenenè hasta Chepo. Trabajé en el proyecto Bayano en el área de Majé, antes de construirse la represa y que diera origen al lago del mismo nombre.

 

            Conocí y estuve allí en Tortí cuando solo era sitio con tres casas y algo de potrero.  Todo  lo demás era selva y en esa selva me tocó pasar la noche, ya que no alcanzamos a llegar a Santa Fé, donde se empezaba a trabajar la carretera hacia Darién.

 

            Ver a Tortí hoy y todas las otras comunidades que están a uno y otro lado de la carretera pavimentada le dé a uno una satisfacción de que un día, un duro esfuerzo; hoy es satisfacción plena y me digo: bien valen los años vividos. 

            Por otro lado también me ha tocado vivir ya  no en el pasado sino en el presente situaciones difíciles como la pandemia y el calentamiento global, cosas asombrosas como la sobrevivencia de 4 niños por 40 días en la selva amazónica o la expedición de 5 magnates que pagaron 250,000 cada uno para bajar a inspeccionar  los restos del Titanic; el sumergible imploto y murieron al lado del barco que supuestamente inspeccionarían.

 

            Seguiré mi camino, siendo parte aún de los habitantes de este mundo, tratando de ser fiel a mis principios y a mi conciencia, ante los hechos que aún me queden por afrontar y en el interín, disfrutar de la vida como lo estoy haciendo en este momento en el   Festival Internacional del Tango en; Medellín, porque al final ¿Quién me quita lo gozado?

 

” Si el ayer ya dispuso del hoy la suerte triste. De la risa y el llanto y el dolor del mañana…Bebe pues que no sabes, cuando y por qué viniste, e ignoramos a donde, predestinado fuiste.”.

Omar Khayyam.

 

 SALUD:

Ing. Blas Moran.